Sobre los Mortales y los Espíritus

Mortales

Los mortales poseen almas que provienen del Sôl, la fuente de las almas. Cuando un mortal nace, un alma pura impregna su cuerpo material y recibe los dos grandes dones del destino: el don de la vida y el don de la muerte. Independientemente de la raza, todas las almas son iguales antes de llegar al mundo y es durante el transcurso de su vida que el alma del individuo crece y evoluciona.

Nadie sabe lo que sucede con las almas de los mortales al morir, ni siquiera los espíritus más sabios y poderosos. Algunos dicen que las almas regresan al Sôl para purificarse y volver a repetir el ciclo de la vida. Otros, que las almas llenas de experiencias, recuerdos y sentimientos viajan a un nuevo universo para cumplir un destino secreto. Otros dicen que así como las almas nacieron de la luz, estas deben viajar a la oscuridad de Phel para alcanzar la inexistencia. Solo los Guardianes del Destino conocen la verdad. Solo ellos y, por supuesto, los muertos.

Aunque su destino final es incierto, algunos mortales pueden pasar por diversos estados de existencia antes de llegar al final de su recorrido por el ciclo de la vida. Por ejemplo, un héroe mortal puede convertirse en un Azaín (un espíritu guardián de la luz) en el momento en que su cuerpo muere. Un alma mortal puede convertirse en un fantasma atormentado por medio de magia maligna o si tiene la voluntad suficiente para permanecer en el mundo material. Algunos mortales son elegidos por los espíritus para convertirse en sus sirvientes y otros realizan rituales mágicos para alcanzar la inmortalidad. Si bien estos estados de trascendencia pueden durar miles de años, ningún mortal puede escapar realmente a la muerte, ya que ninguno puede renunciar a ese don del destino.

Espíritus

Los espíritus son criaturas ligadas a la creación pero que se encuentran fuera del círculo de la vida y la muerte. Se dividen en tres grandes grupos: los Aelyr, conocidos como grandes espíritus o dioses, los Yûlyr o espíritus mayores y los Ilyr o espíritus menores.

Todos los espíritus fueron concebidos con la luz del Sôl por los Guardianes del Destino para que crearan el mundo. Es así como todos los espíritus están íntimamente ligados a la creación y a los distintos elementos que la componen. A diferencia de los mortales, los espíritus no pueden morir, o al menos no de la misma forma que los mortales experimentan la muerte. Cuando un espíritu muere su esencia regresa a la tierra. Su ser se fusiona con algún aspecto de la creación y pasa a formar parte de esta. Algunos forman parte de las montañas o de las nubes, o se convierten en brizas y arenas. Otros se vuelven parte de los bosques, los ríos, las flores y las bestias. Y, con el correr del tiempo, la naturaleza hará renacer al espíritu.

Los poderosos Aelyr eran los señores de los espíritus y gobernaban con sabiduría y bondad el praíso de Arath. Durante la Ruptura los Aelyr fusionaron su esencia con los Fragmentos para evitar la destrucción total, dando lugar a los distintos mundos. Desde entonces, los Aelyr permanecen incapaces de manifestarse físicamente en el mundo material y empleando su poder para mantener estables los distintos mundos. Los Aelyr otorgan parte de sus poderes a los mortales para que ayuden a preservar los mundos y puedan enfrentar a los espíritus malignos que amenazan la creación. Su poder e influencia sobre los mundos con que están fusionados es sutil pero inmensa y los aspectos de su personalidad y esferas de poder modifican el territorio en que se encuentran.

Los Yûlyr son espíritus capaces de manifestarse físicamente. Sus áreas de influencia y poder son muy variadas y abarcan desde pequeños territorios como lagunas, montes, cuevas, hasta territorios amplios como ríos, cordilleras, mares, bosques, etc. También pueden encarnar elementos como el fuego o el trueno, y algunos son espíritus sagrados de bestias, insectos y plantas. Todo en la creación es dominado y afectado de algún modo por estos espíritus. En el pasado, los Yûlyr servían a los Aelyr, pero luego de la Ruptura y las Guerras Celestiales, muchos Yûlyr se convirtieron en espíritus rebeldes e independientes que olvidaron sus obligaciones y solo se preocupan por su seguridad y bienestar. Otros tantos fueron corrompidos por las semillas del mal convirtiéndose en espíritus malignos o Kurog.

Por último, los Ilyr son espíritus menores al servicio de los Yûlyr. No son inteligentes ni poseen personalidades. Cuando se los puede ver, aparecen como pequeños seres luminosos de diversos colores y formas. Si bien son inofensivos, son los espíritus esenciales para la creación.

Los guerreros de la luz y los espíritus de las sombras

Kurog, que significa espíritu de las sombras, es el nombre que se le dio a los Yûlyr corrompidos por las semillas del mal de Aukûth. Los Kurog iniciaron las Guerras Celestiales y, bajo el mando de Akûth, casi logran destruir el Arath al provocar la Ruptura. Fueron detenidos por los Aelyr que se sacrificaron para estabilizar los fragmentos y por los recién aparecidos Azaín.

Los Azaín nacieron gracias al sacrificio de Daghma, señor de la luz. La Ruptura fue una catástrofe que fácilmente pudo haber aniquilado a todos los mortales, pero eso no sucedió debido a que Daghma los protegió con su vida. Si bien el gran espíritu dejó de existir, su esencia se transfirió a todos los mortales. Cuando los Kurog volvieron a embestir, los mortales y los Yûlyr hicieron todo lo posible para detenerlos, pero todo parecía perdido sin los Aelyr. Fue entonces que algo increíble sucedió: los mortales que morían en manos de los Kurog revivían instantáneamente como guerreros de gran poder. Estos seres, que irradiaban la luz de Daghma, iniciaron un contraataque y, luego de largas batallas, lograron hacer retroceder a los esbirros de Aukûth.

En la actualidad, la gran mayoría de los Kurog se refugia en la oscuridad del Abismo de Phel. Algunos escaparon de los Azaín y se escondieron en los Fragmentos, pero con el tiempo y la proliferación de las razas mortales, se vieron obligados a ocultarse en lugares recónditos y fueron olvidados. Todos los Kurog esperan impacientes el regreso de Aukûth para iniciar una nueva invasión y terminar de destruir la creación.

Al igual que los espíritus malignos, los Azaín abandonaron la creación y volaron hacia los límites de la realidad, donde la luz del Sôl casi no alcanza y el vacío del Abismo reina supremo. Desde entonces se dedican a combatir a los Kurog que intentan regresar a la creación. La luz de los Azaín puede verse en la noche como pequeños y lejanos ases en medio de un océano de oscuridad. Con el tiempo se los llamó estrellas.

Se dice que la fuerza de Daghma prevalece en todos los mortales y que, si bien no todos los que mueren trascienden como Azaínes , aquellos que demuestran bondad y el deseo de proteger a los demás viajan a los cielos para unirse a los antiguos héroes. Cuando esto sucede, una nueva estrella aparece en el firmamento. También cuentan las historias que, cuando se ve una estrella fugaz, significa que un recién nacido recibió la fuerza de un Azaín para que se convierta en un gran héroe. Otras historias dicen que cuando los Kurog finalmente regresen, los Azaín también volverán a la creación para librar una última batalla contra Aukûth.

Sobre los Mortales y los Espíritus

Arath Rhada